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ESTE QUE ESCRIBE
El T-MEC y el rentable teatro de la inmediatez
De vez en cuando, uno cae víctima de la euforia momentánea, del amarillismo periodístico; una trampa tan efímera como la lectura del titular amañado, seguida de la decepcionante —y, de vez en cuando, tranquilizadora— búsqueda de información en el cuerpo de la nota. Es común, molesto e incluso fastidioso leer el periódico por esta razón. No le acuso novedad a mi queja, mucho menos trato de encontrar el hilo negro del financiamiento de los medios de comunicación o descubrir, por otra parte, las misteriosas intenciones de dichas tretas; para eso están los conspiranoicos, amigos de la procrastinación y el desvelo.
Campañas adelantadas: La vanidad detrás de la política ficción
No es novedad que algunos avispados decidan tomar ventaja para asegurar la victoria antes de iniciar la carrera electoral. Prueba de ello es la reciente desbandada en el Congreso de la Unión, donde 18 legisladores solicitaron licencia de manera casi simultánea para abandonar sus curules. Entre ellos, los hay disimulados: más inteligentes que el resto, se enfocan en los méritos y son lo suficientemente discretos como para no hacer ruido; van acumulando puntos en su currículum para presumirse cuando sea necesario y lanzarse cuando la situación lo demande.
Morena y el caso Salgado Macedonio: La farsa del nepotismo
¿De cuándo acá nos habituamos a soportar que los miembros de partido se repartan, frente a nuestras narices, los cargos públicos con lujo de descaro y autoridad inmoral? Salen a levantar la mano, desprovistos de las formas convencionales de convivencia, ahora en redes sociales o transmisiones personales, por no mencionar a aquellos con complejo de presentadores de televisión que hasta de programas propios se han hecho. Y nosotros simplemente observamos cómo, a pesar de los infortunados señalamientos, las contradicciones dogmáticas partidistas y las vulneraciones a la dignidad nacional, son recompensados como malcriados caprichosos.
Soberanía de Azúcar
Los socialistas le ponen alfombra roja a una corporación privada en aras de las «convivencias internacionales». Se les olvida, convenientemente, su defensa insignia de la soberanía; ese orgulloso criterio con el que reciben informes o recomendaciones de los 'malvados' e «antisoberanos» organismos internacionales a los que, en flagrante contradicción con nuestra hambre de nacionalismo, nosotros mismos nos suscribimos.
Sumidos en la miseria del hambre electoral
Fanáticos de los «cambios democráticos» —malentendidos por un pueblo acostumbrado a la monotonía de gobernantes—, disfrutamos ahora de los frutos radicalizados de una fiebre de castigo de casilla y, consecuentemente, aguantamos el desvergonzado ojo distraído de aquellos hombres y mujeres que con el pulgar entintado marcaron, dos veces, el rumbo de nuestro país.
Dados contra la pared
Sin lugar a dudas, para MORENA, esta fue una semana de quemar comodines sin obtener resultado; terminaron por desgastar una disciplina partidista de la que disfrutaron con abuso y, de paso, arrastraron la imagen de control institucional —que ya pendía de un hilo— que se pretende transmitir, en especial ante los ojos extranjeros, hoy más atentos que nunca. Como una remembranza priista de sus peores años (no estos, sino los anteriores), los vemos perder el timón de un poderío mayoritario ante las consecuencias de una exagerada falta de responsabilidad institucional.
¿Tanto miedo le tienen a un comentario?
Siempre me ha parecido risible que se les llame estrategas a aquellos desvergonzados abusivos que tuercen, cambian e ignoran las reglas para salir victoriosos. Los tenemos de sobra: todos esos listillos de la política que se escudan en argumentos demagógicos y conductas populistas; personajes a los que se les aplauden sus ocurrencias mañosas desde bancadas y colectivos que se hacen de la vista gorda, al igual que los ciudadanos que votaron por ellos y que hoy se comportan como hinchas intransigentes al vitorearlos.
El patriotismo de fachada
El patriotismo, un síntoma más de los «ismos», opio del colectivo, es la excusa predilecta de los gobiernos incompetentes que se indignan cuando son señalados por sus equivalentes internacionales u interesados organismos pertenecientes al mismo orden.
La soberanía en el fango: El secuestro de un concepto frente al narco
La soberanía se invoca a diestra y siniestra como eslogan de campaña anticipada y defensa hegemónica autoritaria. Convenientes son las interpretaciones y conformista la respuesta, equivalente a una justificación lastimera al gran problema de nuestro país: el narcotráfico. La palabra ha perdido su autoridad y su significado se ha extraviado en la basura politiquera, como el resto de conceptos y principios identitarios de una república democrática como la nuestra. La democracia, ya perdida en el clientelismo, como los contrapesos institucionales que se ahogan en la marea magenta; la confianza en las instituciones, que ya se va asemejando a un síndrome de Estocolmo malsano.
El Doble Rasero como Doctrina
Pocas veces se presentan con tal prontitud y severidad los embates del karma como esta semana en nuestro país. El oficialismo, acostumbrado a dictar la moral pública desde el púlpito, se ha visto atrapado en su propia red de contradicciones. El escenario no admite matices: estamos ante una ilegalidad contradictoria donde la justicia no es ciega, sino daltónica. Lo que para el adversario es el peso absoluto de la ley, para el aliado es la protección absoluta del movimiento.