Morena y el caso Salgado Macedonio: La farsa del nepotismo
¿De cuándo acá nos habituamos a soportar que los miembros de partido se repartan, frente a nuestras narices, los cargos públicos con lujo de descaro y autoridad inmoral? Salen a levantar la mano, desprovistos de las formas convencionales de convivencia, ahora en redes sociales o transmisiones personales, por no mencionar a aquellos con complejo de presentadores de televisión que hasta de programas propios se han hecho. Y nosotros simplemente observamos cómo, a pesar de los infortunados señalamientos, las contradicciones dogmáticas partidistas y las vulneraciones a la dignidad nacional, son recompensados como malcriados caprichosos.
Puedo mencionar, entre algunos impresentables, al «senador de a pie» Noroña —quien así se autodenominaba; al parecer ser senador no le era suficiente— frente a las televisoras, pateando la tierra con la cabeza cabizbaja antes de recibir la presidencia del Senado, pobrecito. Otros más prudentes —ojo en el «más», solo un poco más, no quiero decir que en realidad lo sean— han desistido de sus rabietas después del jalón de orejas institucional, o probablemente por las lesiones sociales bien merecidas, consecuencia de los escarmientos públicos. Ahí andará uno de los hermanos Monreal, Saúl, resignado por la cláusula antinepotismo que atrajo todas las malas atenciones al partido que la impulsó: MORENA.
Con esa estrellita moral que pretendían adjudicarse, se metieron el pie en más de una ocasión: primero con los Monreal y ahora, recientemente, con los Salgado. ¿Acaso no nos habían regalado ya un escándalo en 2021, entre señalamientos por violencia sexual y enmarañados problemas fiscales y financieros?
Tal vez les quedaba un poco de congruencia a las políticas que hicieron contrapeso opositor dentro de su partido para tratar de impedir que, en su momento, Salgado Macedonio llegara a la candidatura a gobernador. Pero inclusive reconociendo el mérito de aquellas que se opusieron a pesar de la fuerte disciplina partidista que existía entonces en MORENA, no se puede negar que la farsa seguía latente. Probablemente por la falta de la bondadosa cláusula antinepotismo, se designó a la hija del aparentemente proscrito Salgado Macedonio. Pero no se necesita de cláusulas para saber de decencia.
Regresando al presente, la realidad demuestra que aquella exclusión fue solo una pausa estratégica. Hoy, Salgado Macedonio ha decidido dejar su escaño en el Senado con la abierta intención de buscar la candidatura para suceder a su propia hija en la gubernatura de Guerrero. Lo verdaderamente revelador no es solo la ambición de mantener el cargo en el ámbito familiar, sino el choque directo contra el nuevo andamiaje ético de su propio movimiento. Al verse frenado por los recientes estatutos antinepotismo, no ha dudado en arremeter contra la dirigencia partidista, acusando a la cúpula de practicar el mismo reparto familiar que hoy le pretenden prohibir. El círculo del cinismo se cierra: el partido que prometió desterrar las viejas costumbres políticas hoy observa cómo las reglas internas implosionan cuando tocan los intereses de sus figuras más visibles. Al final, la mentada estrellita moral resultó ser una ley estricta para los de afuera, y una simple sugerencia decorativa para los de adentro. Pero quien sabe, eso de hacer berrinches le ha funcionado a más de uno.
—Este que Escribe