FIRMA,
ESTE QUE ESCRIBE
Gritos de balcón, patriotas de garnacha
Resulta paradójico —si no francamente cínico— apelar al fervor patrio desde un balcón cuando la soberanía nacional se erosiona en dos frentes simultáneos: el asedio de un intervencionismo norteamericano que condiciona la política interna y el repliegue de un Estado que parece haber perdido la batalla fundamental contra el narcotráfico.
Parasitar la urna, incendiar el tratado
Mucho se le puede reprochar a una negociación del nivel monumental y económico que representa —para tres naciones— el T-MEC. Sin embargo, los dichos volátiles y calculados que responden a intereses de corte electoral no son evidencia factual suficiente para desaparecer un sistema clave en el desarrollo de los países involucrados. Son, más bien, argumentos leídos desde un contexto alimentado por una política precaria donde el sentimiento es más influyente que el razonamiento, encarecido —ahora y siempre— por la necesidad parasitaria del político por subsistir tras las votaciones. Dicho de esta forma, el alarmismo se diluye: reprochar al contrario para agradar al propio es una práctica tan vieja como la política misma.
Principios de ocasión
No por darle la espalda a una figura contaminada se resarce el daño ni se purifica a quienes en su momento gritaron a su lado. La estratagema aparenta un falso sentido del deber que supuestamente se coloca por encima del interés partidista para asumir las responsabilidades de la Presidencia. Sin embargo, este giro de espalda a Rubén Rocha Moya equivale a no hacer nada: es la simulación que hoy celebran los voceros que antes dudaban al defender a cualquiera con la playera de Morena. No basta con desmarcarse a destiempo; de ahí que la maniobra no convenza y deje una pregunta inevitable: ¿por qué no lo hicieron antes?
El costo del contagio
El respaldo de partido ya no alcanza para maquillar los pecados de sus representantes más incómodos. Así lo demostró el penoso episodio que se suma a la vergonzosa carrera del nuevamente gobernador en licencia, Rubén Rocha Moya, y el giro de espalda que le dieron sus camaradas, quienes, dicho sea de paso, se sirvieron de sus respectivos espacios para defenderlo en más de una ocasión tres meses atrás. Para aquellos simpatizantes que pensaban que se trataba de una vocación propia de sus voceros —oficiales y no—, quedaron defraudados.
La epístola del berrinche
La extravagante carta enviada por Andrés Manuel López Beltrán representa una lección de lo que no debe hacerse en la diplomacia internacional. Con apenas tres páginas de una prosa lamentable, cargada de un sarcasmo torpe y una ironía mal ejecutada, el documento logra agraviar a un presidente estadounidense, a sus funcionarios y a toda una nación, haciendo gala de una marcada penuria narrativa. Más que una defensa soberana, el texto —cuya única aportación del autor parece ser su firma autógrafa— demuestra una completa ausencia de oficio político que, para sorpresa de nadie, resulta inexistente en el currículum del hijo del expresidente.
La arquitectura del tranquilizante
Resultan absurdas muchas de las medidas impulsadas por una focalización clientelista, propia de un populismo que prioriza los incentivos electorales sobre las soluciones reales. Se trata de un maquillaje estructural que no resuelve la forma y mucho menos el fondo, postergando proyectos bien orientados por encima de apetitos partidistas. Una pensión por aquí y un programa improvisado por allá bastan para contentar y distraer de los vicios que ya pesan sobre la economía, estrechamente lig
La discreta virtud de lo que funciona
Hay cosas en la vida pública que sufren del síndrome de la buena salud: como no duelen, nadie habla de ellas. Nos hemos acostumbrado tanto a que las noticias estén dominadas por el conflicto, la estridencia y la amenaza de ruptura, que cuando dos regiones deciden ponerse de acuerdo de manera civilizada, el acontecimiento pasa casi desapercibido. La reciente actualización del marco comercial entre la Unión Europea y México es un claro ejemplo de este fenómeno.
La dignidad en el banquillo
Hay acontecimientos que logran poner en perspectiva los beneficios de mantenerse al margen de los partidos políticos —los cuales, he de mencionar con anticipación, no son pocos y tampoco menores—. Entre ellos podemos contar la privilegiada indiferencia ante los acontecimientos desastrosos que ponen en entredicho a más de una figura o movimiento nacional.
Cruda de Mundial
El furor suele fastidiar, en especial cuando se logra prolongar por meses la intensidad con la que se arrancó. Un evento que arrastró, inclusive, a aquellos que nos contamos fuera de la esfera del interés futbolístico. Es imposible ignorar los goles cuando tienes los gritos en los oídos. Y no es por reafirmar una imagen «esteparia» inexistente o hacer de una incomodidad un suplicio. No. Tampoco se trata de celebrar el fin de un evento en aras de llamar la atención.
Corajes mal digeridos entre palomitas
Suelo entusiasmarme ocasionalmente por alguna que otra novedad baladí, de esas que distraen la atención de los grandes pequeños problemas, insoportables y cotidianos, que aquejan a cualquier desventurado pelado como yo. Ya sea porque la cartera suele ser caprichosa, o más bien las deudas envidiosas, las escapadas se van espaciando en el calendario. Entre las actividades predilectas para los hambrientos de buen entretenimiento y presupuesto limitado se encuentra el cine; no requiere mucho esfuerzo presentarse a una función.