FIRMA,
ESTE QUE ESCRIBE
La discreta virtud de lo que funciona
Hay cosas en la vida pública que sufren del síndrome de la buena salud: como no duelen, nadie habla de ellas. Nos hemos acostumbrado tanto a que las noticias estén dominadas por el conflicto, la estridencia y la amenaza de ruptura, que cuando dos regiones deciden ponerse de acuerdo de manera civilizada, el acontecimiento pasa casi desapercibido. La reciente actualización del marco comercial entre la Unión Europea y México es un claro ejemplo de este fenómeno.
La dignidad en el banquillo
Hay acontecimientos que logran poner en perspectiva los beneficios de mantenerse al margen de los partidos políticos —los cuales, he de mencionar con anticipación, no son pocos y tampoco menores—. Entre ellos podemos contar la privilegiada indiferencia ante los acontecimientos desastrosos que ponen en entredicho a más de una figura o movimiento nacional.
Cruda de Mundial
El furor suele fastidiar, en especial cuando se logra prolongar por meses la intensidad con la que se arrancó. Un evento que arrastró, inclusive, a aquellos que nos contamos fuera de la esfera del interés futbolístico. Es imposible ignorar los goles cuando tienes los gritos en los oídos. Y no es por reafirmar una imagen «esteparia» inexistente o hacer de una incomodidad un suplicio. No. Tampoco se trata de celebrar el fin de un evento en aras de llamar la atención.
Corajes mal digeridos entre palomitas
Suelo entusiasmarme ocasionalmente por alguna que otra novedad baladí, de esas que distraen la atención de los grandes pequeños problemas, insoportables y cotidianos, que aquejan a cualquier desventurado pelado como yo. Ya sea porque la cartera suele ser caprichosa, o más bien las deudas envidiosas, las escapadas se van espaciando en el calendario. Entre las actividades predilectas para los hambrientos de buen entretenimiento y presupuesto limitado se encuentra el cine; no requiere mucho esfuerzo presentarse a una función.
El T-MEC y el rentable teatro de la inmediatez
De vez en cuando, uno cae víctima de la euforia momentánea, del amarillismo periodístico; una trampa tan efímera como la lectura del titular amañado, seguida de la decepcionante —y, de vez en cuando, tranquilizadora— búsqueda de información en el cuerpo de la nota. Es común, molesto e incluso fastidioso leer el periódico por esta razón. No le acuso novedad a mi queja, mucho menos trato de encontrar el hilo negro del financiamiento de los medios de comunicación o descubrir, por otra parte, las misteriosas intenciones de dichas tretas; para eso están los conspiranoicos, amigos de la procrastinación y el desvelo.
Campañas adelantadas: La vanidad detrás de la política ficción
No es novedad que algunos avispados decidan tomar ventaja para asegurar la victoria antes de iniciar la carrera electoral. Prueba de ello es la reciente desbandada en el Congreso de la Unión, donde 18 legisladores solicitaron licencia de manera casi simultánea para abandonar sus curules. Entre ellos, los hay disimulados: más inteligentes que el resto, se enfocan en los méritos y son lo suficientemente discretos como para no hacer ruido; van acumulando puntos en su currículum para presumirse cuando sea necesario y lanzarse cuando la situación lo demande.
Morena y el caso Salgado Macedonio: La farsa del nepotismo
¿De cuándo acá nos habituamos a soportar que los miembros de partido se repartan, frente a nuestras narices, los cargos públicos con lujo de descaro y autoridad inmoral? Salen a levantar la mano, desprovistos de las formas convencionales de convivencia, ahora en redes sociales o transmisiones personales, por no mencionar a aquellos con complejo de presentadores de televisión que hasta de programas propios se han hecho. Y nosotros simplemente observamos cómo, a pesar de los infortunados señalamientos, las contradicciones dogmáticas partidistas y las vulneraciones a la dignidad nacional, son recompensados como malcriados caprichosos.
Soberanía de Azúcar
Los socialistas le ponen alfombra roja a una corporación privada en aras de las «convivencias internacionales». Se les olvida, convenientemente, su defensa insignia de la soberanía; ese orgulloso criterio con el que reciben informes o recomendaciones de los 'malvados' e «antisoberanos» organismos internacionales a los que, en flagrante contradicción con nuestra hambre de nacionalismo, nosotros mismos nos suscribimos.
Sumidos en la miseria del hambre electoral
Fanáticos de los «cambios democráticos» —malentendidos por un pueblo acostumbrado a la monotonía de gobernantes—, disfrutamos ahora de los frutos radicalizados de una fiebre de castigo de casilla y, consecuentemente, aguantamos el desvergonzado ojo distraído de aquellos hombres y mujeres que con el pulgar entintado marcaron, dos veces, el rumbo de nuestro país.
Dados contra la pared
Sin lugar a dudas, para MORENA, esta fue una semana de quemar comodines sin obtener resultado; terminaron por desgastar una disciplina partidista de la que disfrutaron con abuso y, de paso, arrastraron la imagen de control institucional —que ya pendía de un hilo— que se pretende transmitir, en especial ante los ojos extranjeros, hoy más atentos que nunca. Como una remembranza priista de sus peores años (no estos, sino los anteriores), los vemos perder el timón de un poderío mayoritario ante las consecuencias de una exagerada falta de responsabilidad institucional.